Puro Blablá

El espacio interior en formato texto

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Lectura compartida

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La luz de las velas creaban una atmósfera particular, multiplicada por los distintos espejos que tenía en su pared. En este mundo de tres por tres que era su habitación no existía el tiempo (al menos hasta que al otro día volvieran papá y mamá). La pendeja sabía qué hacer y se aprovechaba de eso. O al menos eso parecía. Se paseaba por el cuarto buscando algo, mientras la tanga blanca de algodón le resaltaba el culito y ya me empezaba a calentar.

- “Acá está el conejo. Mientras vos me lees yo juego un poco”, me dice y muestra un vibrador rosa. Estoy de acuerdo.

Apoyado en la cabecera de la cama y ella apoyada en mi pecho, de espaldas, leo el primer párrafo cerca de su oído:

- “Y ahora perdone doctor, pero me voy a masturbar.

- Hágalo señora y permítame mirar

- Fíjese doctor: la yema del dedo mayor sobre el clítoris, el dedo anular levantando un poco el labio del lado derecho, el índice simplemente apoyado sobre el otro labio. Frotes ligeros hacia arriba y hacia abajo; se percibe que el clítoris está resbaladizo y un poco hinchado. Ahora la yema del dedo mayor recorre los labios, baja hasta la entrada de la vagina. Otra vez sube y roza el clítoris hacia arriba y hacia abajo, no detiene el movimiento, sigue hacia abajo y el dedo se hunde lenta pero firmemente en la vagina”.

Dejo de leer y veo cómo ella se acaricia sobre la tanga. Pasa los dedos por el borde, apenas la levanta, se acaricia la piel suave. El vibrador se mueve en círculos por encima de la concha todavía tapada. Se humedece la tela. Corre la tanga y me muestra los labios ya hinchados. Los recorre con dos dedos. “Seguí leyendo”, me pide.

Salteo unas hojas y empiezo: “De pronto Pierre abandona su posición en cuatro patas encima de Amatista y la obliga a colocarse boca abajo en la cama. Luego, sin previo aviso y de forma repentina, hunde el falo en el culo de Amatista. Amatista deja escapar un grito. Sin moverse de su posición Pierre se abraza a Amatista por la espalda, le oprime los pechos, le palpa el vientre y el monte de venus. Por fin separa un poco los labios, apoya con firmeza la yema del dedo medio en el clítoris y comienza un grave y secreto masaje”.

Ya sin tanga, la pendeja se frota los labios con el vibrador y de a ratos lo mete un poco. Levanta más la cadera y con un dedo se acaricia el culo, haciendo presión continua. En círculos mueve el juguete por sobre su clítoris bien duro. Se moja cada vez más. 

En un movimiento se mete el vibrador entero en la concha. Respira profundo y ahora un dedo en el culo bien adentro, moviéndolo apenas en círculos. Se pajea cada vez más rápido. “Un poco más, dale. Seguime leyendo”

“Ya nada impide que Amatista culmine, pero acerca su propia mano para detener la de Pierre. “Ahora suave y adentro, mi amor”. El dedo de Pierre se hunde profundamente en la vagina de Amatista y allí descubre la presencia de su propio pene en el otro conducto. Retira lentamente el dedo y reinicia el frotamiento en el clítoris. “Ay, mi vida” gime la voz ahora ya muy ronca de Amatista”.

Los músculos de las piernas se contraen, la pendeja acelera los movimientos del vibrador. Deja el culo y con la mano libre se frota el clítoris, lo aprieta, lo vuelve a frotar. Miro con atención cómo levanta apenas la cadera y acaba, gimiendo y sin dejar de frotarse. Se contrae, tiembla. 

Ya sin el vibrador y con la concha abierta y toda mojada abre los ojos. Ve cómo me acaricio la pija mientras no dejo de mirarla.

Me quita el libro, se sienta y dice: “querés que te lea un poco?”, mientras acelero el ritmo. 

Por supuesto. Siempre me gustó la lectura.

Escrito por Em

Mayo 21, 2009 a 3:27 am

Escrito en sexo

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