Puro Blablá

El espacio interior en formato texto

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Un momento prestado

con 5 comentarios

“… Me preguntas si esta vez quiero mirar y te digo que si. Me sentás en la silla y vos en el piso, me acomodás para estar cómodo. Te miro pasarme la lengua, te miro mirarme mientras lo haces. Me imagino que me estás diciendo algo así como “mirá como te gusta esto putita, mirá como te chupo la concha y vos que sos una putita queres ver” y me calienta.

Al principio siento un inmenso placer, siento los músculos relajados, me concentro en sentir eso que vos me estás haciendo. Toda tu lengua y tu boca metidas en mi concha, explorándola, abriéndola. Hasta que necesito que aceleres. Otra vez lo siento venir. Arqueo la espalda en la silla, me tiro para atrás y te agarro un brazo. Grito de nuevo, te tiro del pelo, me muevo rápido, entendes y hundís la cara, la lengua, todo. Hasta que llega el momento y te agarro la cara, te separo. Te pido tiempo. Me mirás con ojos orgullosos y sé lo que querés. Sin esperar tu iniciativa te beso.

Sé que te gusta besarme después de chuparme…”

Escrito por Em

Noviembre 22, 2009 a 10:40 pm

Escrito en sexo

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La fantasía de lo real

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De jugar a gustarnos pasamos a ser explícitos. Esa ventana en la PC me dejaba decirte a la cara cuánto me gustaría hacerte la cola, y en la misma ventana leía cómo me cogerías de fuerte. Ahora jugábamos a creernos, porque nos gustaba sabernos así.

No importa quién propuso, pero pasó. Nos encontramos a una cuadra del telo acordado, conociéndonos apenas por unas fotos compartidas. Para evitar ese primer momento incómodo de hola como estás, te costó llegar, te imaginaba más alto, nos vimos y nos besamos. No queríamos que la fantasía se diluya entre las excusas de la realidad (o al menos yo no lo quería)

Nos besamos

Cada uno explorando la boca del otro, jugando con las lenguas y siendo explícitos de nuevo.

Quiero cogerte ya, me dijiste al oído. Y mi cuerpo reaccionó al instante. De ahí al telo y a desnudarnos frente al espejo. Esa mezcla de olores que eran tu perfume y vos me hicieron querer más. Acostada boca abajo dejaste que te recorriera la nuca, los hombros y la espalda buscando más de ese olor. Un poco lamiendo, un poco besando, sentía cómo tu piel se abría con la humedad. Ya desnudo y arriba, dejaba que mi pija roce tu cola mientras seguía acariciándote la espalda.

La imagen reflejada en el techo enmarcaba dos cuerpos desnudos y la sumisión de uno de ellos. Te dejabas hacer y yo quería.

Levantaste apenas la cadera en clara señal de querer más. Con ganas me sumergí en tu carne, abriendo espacio con mis manos para que la lengua empiece a jugar con los pliegues. Primero los labios, recorrerlos de arriba a abajo sintiendo el gusto dulce del flujo, lo suave de la piel. Más abierta y más adentro, la lengua duele, la acompaño con un dedo. Alterno labios y culo, todo lo que está a mi alcance.

Ahora la imagen en el techo refleja dos cuerpos desnudos y la sumisión de uno de ellos. Pero los roles cambian y me veo perdido en vos.

No conocerte me excita aún más. No saber qué esperar cuando te gusta ni saber qué pensás cuando tu cara se transforma de placer.

Me entrego a lo nuevo, a lo que no controlo. Cogemos despacio mirándonos de frente, o fuerte desde atrás. Por momentos sos apenas detalles que desconozco. Como al todo.

La realidad se diluyó en las excusas de la fantasía. Cada uno con la suya, o al menos eso sentí.

Todavía no volvimos a vernos. No nos animamos al segundo encuentro ni a perder la fantasía que cada uno consiguió aquella vez.

Escrito por Em

Octubre 25, 2009 a 10:13 pm

Escrito en Intimidades, sexo

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Del otro lado, vos

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Te acordás cuando nos franeleábamos por teléfono?. Cómo me gustaba escucharte del otro lado, bien putita. Porque cuando hablábamos te ponías así, querías escuchar lo que más te calienta. Querías escucharme diciéndote cómo en cuatro iba a cogerte el culo. Querías decirme cómo me la ibas a chupar hasta que te acabe en la cara y en el pelo peinado de peluquería.

Aquella última ves estábamos muy calientes. Sabía qué decirte, sabías qué pedirme. Apenas te escuchaba, la pija dura y la mano acariciando. Estabas recién cogida pero todavía con ganas, así que escuchaba cómo te pajeabas.

Cómo me decías que te pajeabas y yo te creía.

Me contabas que te gustaba jugar con los labios hasta sentirlos bien hinchados. Con el clítoris hasta sentirlo duro y recién ahí dos dedos adentro. Te decía cómo quería que muevas la mano y así lo hacías. Gemías en mi oído.

Te imaginabas en un telo con la cara contra el espejo. Después en tu cama con mamá en la cocina. Arriba de la mesa donde desayunabas con tu familia o arrodillada, sin perderte detalle de mi verga en tu cara. Seguías imaginándote vos arriba moviéndote despacio y diciendo “viste cómo te coge esta pendeja?”.

Te imaginabas mi pija venosa, hinchada, como yo te decía que estaba en ese momento. Sabías cómo me estaba pajeando porque te contaba. Fuerte, bien hasta abajo y fuerte hasta que empezaba a arder el roce. Eso te contaba.

Tu respiración agitada, la mía también.

Tu mano que se mueve al igual que mi mano que se mueve.

Escupo palabras en tu oído, palabras directas a tu mano. Te pido que levantes la cadera y juegues con el culo también.

Decís que lo hacés. Te creo.

Gemís como una pendeja que se pajea. Me encanta. Aprieto más mi mano y te escucho.

Escucho cuando acabás directo a mi oído y a mi mano.

Freno.

Quiero que veas y te mando una foto del momento. De mi pija a punto de acabar. De acabarte.

Y ahora si. Con mi verga enfrente tuyo sigo hasta el final. Acabo fuerte y espeso, algunas gotas caen en el teclado. Me escuchás y te encanta (o eso es lo que decís)

Te acordás cuando por teléfono nos dijimos hasta la próxima?

Bueno, te creí.

Escrito por Em

Octubre 6, 2009 a 12:38 pm

Escrito en General, sexo

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Ese momento de intimidad

con 19 comentarios

Y de nuevo estoy

enterrando mi lengua bien adentro suyo

tan adentro que me duele. Estirada, moviéndose en círculos, tocando las paredes de su concha que ya chorrea ese flujo que tanto quiero. Labios hinchados, ojos abiertos, gemidos

los de ella

porque yo de nuevo estoy con mi lengua adentro, bien adentro suyo.

Me aprieta con sus manos en mi nuca. Empuja y chupo todo lo que más puedo. Lamo, muerdo, froto. Levanto más sus piernas doblándola a ella en dos. Quiero que vea cómo me pierdo en sus pliegues mojados, cómo despacio pero firme penetro su culo con la punta de mi lengua.

Saliva, mucha saliva para ese culo dispuesto. Dedos y saliva, siento cómo se dilata y lo quiero.

En cuatro y entregada me ofrece chuparla desde atrás. Por supuesto, faltaba más, cómo dejar de sumergirse entre la carne, abriendo los cachetes del culo para disfrutar de esa visión. Suave, húmedo, rosado, es tentador pensar en hacerla mierda.

Y ese culo que se siente cada vez más dispuesto. Ese espacio ajustado, lascivo, que espera

más que los dos dedos que ahora lo cogen.

El flujo gotea sobre las sábanas. Lo siento en mi boca y lo disfruto antes de tragarlo. Tiene gusto a sexo puro, a placer, básico placer. En la boca se mezcla con mi saliva, escupo esa mezcla en su culo y mi lengua otra vez adentro.

Haceme la cola. Pienso que me dice

Y lo hace

Pero antes la pija bien adentro de su concha. Así en cuatro la imagen me puede. Empezamos a movernos despacio, sintiendo las carnes frotarse. Un poco en círculos y la pija revuelve, entra y sale con un sonido de cuerpos chocando.

La saco para que vuelva a entrar, pero ahora en su culo. Algo de presión y escucho un despacio. Más presión y siento cómo la punta de la pija abre ese culo que tantas ganas le tenía. Le teníamos. Empujo más y ahora resbala bien hasta adentro.

Y ese momento me encanta. La verga entra toda en el culo estrecho, la presión y el calor se sienten. La tensión del cuerpo también. Cierro los ojos y disfruto de esos segundos antes de empezar a moverme.

Ella mira

De espaldas, con la cara contra el colchón y las piernas bien abiertas, culo levantado y ahora penetrado, ella mira. Ojos abiertos y gemidos. De los dos.

Me muevo cada vez más rápido. Desde arriba veo cómo la pija se pierde en su culo, una y otra vez. Ya no me importa si escucho despacio, si escucho basta. Sólo siento el frote y la entrega total. Las ganas de los dos y mis ganas de hacerla mierda.

Más presión, más rápido y quiero acabarla. Ella siempre quiere ver así que le muestro.

Saco mi pija de su culo y en un instante estoy acabándole las tetas. El chorro sale espeso, abundante, chorrea las tetas y un poco más.

Nos besamos.

Siento intimidad y nos besamos.

Pero es la hora

Puertas afuera abandonamos la burbuja y cada uno se adueña de su propia realidad que siempre espera.

No hay promesas. No hace falta.

Escrito por Em

Septiembre 2, 2009 a 12:36 pm

Escrito en Intimidades, sexo

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En la punta de los dedos

con 4 comentarios

Después de ver cómo se chupa los dedos de su mano izquierda, uno a uno, limpiando (disfrutando) el chocolate derretido, él le propone. Le pide, invitado por la mirada cargada de ganas de ella. Le ordena, de la forma más amable que tiene. Le sugiere, esperando un sí como respuesta.

Porque ellos juegan entre los personajes y las personas, entre las promesas y lo concreto.

“Quiero sentir tu humedad ahora. Quiero lamer yo esos dedos con gusto a vos”, le hace saber. “Tocate ya, que nadie mira, y dejame sentir”, le sugiere.

Simple. Y tentador. Ella sonríe y sus ojos se encienden. Esos que saben mirar más allá de la primer barrera. Que son tan cómplices como partícipes, que no se cierran porque aman ver.

Se para al lado de la mesa y lo invita a un abrazo cariñoso y socialmente educado. Y mientras toma la mano de él, propone “por qué no me tocás vos y me sentís directamente?”. Un detalle, una jugada que a él le encanta mientras su mano ya se abre camino por el jean, la ropa interior, lo suave y lampiño de su curva hasta llegar. Mueve sus dedos por sobre los labios, roza apenas el clítoris y baja, presionando. Siente lo húmedo de su flujo y entra muy apenas con el índice y el medio.

Sale, con el sabor de ella en la mano. Huele, es el olor a sexo que comparten cada tanto, es el olor a placer que se regalan entre paredes y a escondidas. “Compartí”, ordena ella mientras los dos chupan esos dedos, se besan en el medio y chupan de nuevo. No hay nadie en el café que sospeche más allá de ese abrazo cariñoso.

Ya en el camino de vuelta, después del café, él sigue oliendo sus dedos. La esencia del placer en la punta del índice y el mayor.

El gusto a ella, ahí en su mano. Sonríe mientras vuelve a casa.

Escrito por Em

Julio 31, 2009 a 12:20 pm

Escrito en sexo

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En la boca

con 3 comentarios

La pija hinchada, roja del roce continuo. Y la boca abierta.

Cogeme, dice.

Y antes que termine de decir, ya no puede hablar. La pija hinchada ahora en la boca, cogiéndola. Ella sentada en el piso con la espalda en la cama y él viendo desde arriba la escena, empujando desde la nuca y sintiendo cómo es tragado completamente.

Cogen. Él mueve su cadera metiendo y sacando su pija de esa boca. Ella mueve su cabeza metiendo y sacando de su boca esa pija. Se atraganta, la saca y respira profundamente. La saliva moja todo, verga huevos tetas boca cara, todo. Se miran a los ojos, él desde arriba y ella, con la boca abierta, quiere de nuevo.

Cogen. Le agarra la cabeza y empieza a moverse más rápido. La pija se pierde en esa boca y vuelve a aparecer, cada vez más mojada. Mueve el culo, la cadera y coge la boca de ella, que a veces respira a veces lame y a veces se la frota por toda la cara.

Se miran a los ojos y sienten las ganas que tienen de hacerse mierda. Explícitos, juegan a lo que más les gusta. Saben del placer de la escena, buscan el placer de los cuerpos y juegan más.

La pija hinchada y la boca abierta, roja del roce continuo. La saliva lubricándolo todo. Y las ganas.

Acabame, pide.

Escrito por Em

Julio 18, 2009 a 6:07 pm

Escrito en sexo

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Directo a los ojos

con 6 comentarios

Ella: y quería decirle que me mojé, de sólo imaginarlos
deseándose
mordiéndose los codos
no pude evitar tocarme esta mañana en la ducha, jabón líquido en las manos, un pié encima del borde de la bañera y dos dedos jugando, mucho, entraban y salían
adelante y atrás
dilatada
excitada
el jabón hacía espuma, los olores se mezclaban, el agua iba recorriéndome entera, metiéndose en lugares inhóspitos
empiezo a terminar, empiezo a chorrearme toda, lento, blanco

Él: disculpe mi atrevimiento, pero de haber estado ahí me habría aprovechado de la situación. Habría dejado que empiece a acabar, sin dejar de mirarla y en ese mismo instante la habría ayudado a frotarse para estirar su orgasmo y antes de que termine se la habría metido desde atrás. Sabe ud que cuando estoy muy caliente la pija se me hincha, las venas se marcan mucho

Ella: si, lo se. Y eso es lo que mas me gusta de Ud.

Él: entonces desde atrás, en dos movimientos, habría entrado en el instante del orgasmo.

Ella: en un solo, por favor, entre de un solo golpe, si, y ahí volarme la cabeza, y ahí apretarlo con mis entrañas, abrazarlo por dentro, no dejarlo salir más, esperar su orgasmo, esperar que me llene de leche, esa leche que deseo hace tanto. Seguir abrazándolo por dentro, moverme, mostrarle el culo, dejarme apretar las tetas, gritarle lo placentero que es tenerlo adentro y querer más, mas profundo, mas adentro…
acabe
ahora si, acábeme toda…
eso
así
eso hubiera querido
pero no, estaba sola, así que terminé solita, sintiendo mi leche chorrearme la entrepierna. Me bañé, limpié mis manos, salí de la ducha, renovada y acabada, me vestí toda de negro
y me sentí más puta que antes

Él: mientras la pija me aprieta el pantalón en este instante, la imagino todo lo puta que pueda ser. Me habría gustado que mire cuando acabo, que vea cómo la leche brota de mi pija por usted y chorrea en sus tetas, en su cara, en sus manos y verla a usted limpiándome con la lengua y la boca entera. Pero no estaba ahí ni ud estaba conmigo cada vez que acabé pensando en cómo me gustaría que me vea acabar. En usted. Por usted

Ella: que pena. Será cuestión de coordinar. Si me viera… o me oliera, notaria lo caliente que me deja hablar con Ud.

Él: me gustaría verla y en un abrazo descuidado apoyarle una mano entre las piernas para sentir el calor, lo mojado

Ella: arde. Me arde

Los dos:
se calientan tan solo con la simple idea de que lo pueden hacer
de que pueden calentarse. Les encanta jugar. Y creo que se tienen ganas de verdad

Gracias LO

Escrito por Em

Julio 2, 2009 a 11:50 am

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Vos frente al espejo

con 13 comentarios

Estás en una silla, sentada enfrente del espejo. Las piernas bien abiertas te dejan ver los labios hinchados, el clítoris que se asoma por entre los pliegues de piel y un dedo que abre la concha. Te frotás muy despacio ahora con dos dedos sintiendo la piel húmeda y suave. Concentrada en mirarte no me ves, no ves cómo en la otra punta de la habitación ya tengo la pija en la mano y me pajeo mirándote. Adelantás un poco la cadera hasta quedar en la punta de la silla, las piernas abiertas y tres dedos que aprietan el clítoris, tus dedos que se mueven en círculos y presionan hacia abajo, hasta entrar en tu concha. Abrís más los ojos, no querés perderte ningún detalle tuyo, no querés dejar de mirar cuando entran y salen los tres dedos, cuando el flujo empieza a correr hacia abajo mojándote hasta el culo. Aumentás el ritmo moviendo más la cadera y levantando las piernas que se apoyan en el espejo. Así, abierta, mojada y caliente te mirás. Sentís placer al verte y te pajeás más rápido todavía.

Cerrás los ojos y decidís que vas a acabar.

Decido lo mismo.

Sentís algo en la cara y cuando abrís los ojos también la boca. En un acto casi reflejo empezás a chuparme la pija, a lamer y chupar ese pedazo de carne que tanto te gusta (o eso me decís). Parado enfrente al espejo veo cómo sin moverte de tu silla me la chupás mientras seguís con tu paja. Una mano me pajea y mueve la pija en tu boca, otra frota y coge la concha. Acabás fuerte pero tu boca está llena de mi verga y sólo se escucha el sonido de la succión mezclada con saliva que cae por los costados. Con la mano libre ahora me frotás los huevos y el tronco de la pija. Usás tu flujo para mojarme un poco más y abrís bien los ojos. No querés perderte ningún detalle nuestro y además te encanta verte con la pija en la boca. Me encanta verte también.

Siento un espasmo, las venas que se hinchan y el chorro de leche que sale con fuerza. Tragás. Un poco cae por el costado chorreando hasta tus tetas. Vos tragás todo lo que podés y ahora sí me mirás. Las últimas gotas quedan en el labio de abajo y me mirás, mostrándome cómo no tragaste todo sino que saboreás mi acabada.

Ahora si, los dos frente al espejo nos reímos pero no miramos. El abrazo es más importante.

Escrito por Em

Junio 19, 2009 a 2:37 pm

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Llamame

con 8 comentarios

Le tiraba palabras como lengüetazos ajustados buscando provocar cierto placer y una respuesta. Ver escritas las promesas de mirá lo que te voy a hacer resultaba estimulante, sobre todo sabiendo (o imaginando) que del otro lado la atención y la tensión era la misma. O al menos era, lo que ya es algo.

Antes de ser explícito en la manera en que mi pija entraría justa entre sus labios, ella dice: “Necesito mis manos ya. Llamame que quiero que escuches cómo me pajeo”. Ante semejante propuesta no me quedó otra que dejarme llevar. Y llamar.

En el primer minuto las voces intentan reconocerse de nuevo, amoldarse al otro y a la situación. Ahora las palabras son lengüetazos al oído. Y hay que aprender a lamer dignamente.

Fui preciso en el pedido. La paja sería como yo quisiera. Sus dedos y su mano harían exactamente lo que les pidiera. Así que pedí.

No te saques la bombacha. Acomodate en tu cama frente al espejo y dejate ver. Te gustás? Abrí las piernas antes de empezar a frotarte por sobre la tela. Hacelo despacio y contame qué sentís. No dejes de frotarte hasta sentir la humedad y más ganas. Seguí.

Ahora podés correr el borde de la bombacha hasta verte los labios. Estás toda depilada? bien. Chupate el dedo índice y el mayor, mojalos, y recorré por encima y apenas tus labios. No toques el clítoris todavía. Si, sacate la bombacha y enfrente del espejo empezá a frotarte más. Abrite la concha y tocate despacio. Contame qué sentís antes de meterte un dedo. No, mejor que sean dos.

Sentir su respiración agitada y sus gemidos hicieron que quiera compartir y contarle. Con la pija en la mano y movimientos suaves le decía cuánto me hacés calentar pendeja, apenas hablo con vos y ya tengo ganas de hacerte mierda meterme en todos tus agujeros y por qué no en tu cabeza lamerte y morderte hasta que nos duela.

Se aprieta el clítoris. Lo retuerce. Lo frota. Con tres dedos se coge la concha bien rápido y me cuenta todo. Cuando deja de gemir me cuenta todo. Y yo le cuento cómo me pajeo cada vez más rápido y cómo me gustaría hacerlo adelante de su cara.

Avisa que está a punto de acabar y propone cogerse el culo con un dedo. Acepto con gusto. Me encanta cuando se anima y va por más.

La escucho acabar de una manera deliciosa. Gemidos y respiración entrecortada, algo se cae, la cama hace ruido. Antes de que termine la frase mirá cómo te acabo hijo de puta hago lo propio y suelto un chorro espeso de leche. Salpica la mesa, cae sobre mi mano y al piso. Con las últimas gotas en la punta de la pija la escucho de nuevo. Me pide que le saque una foto a mi verga recién pajeada porque quiere ver lo que provoca. Y lo que se está perdiendo.

Acepto y lo hago, me encanta cuando propone. Y lo sabe.

Escrito por Em

Junio 4, 2009 a 12:57 pm

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Una mano

con 17 comentarios

Corro el pelo que tapa su nuca privándome de ese buen comienzo. Dicen que empezar por el principio tiene sus ventajas, como poder disfrutar del final, al final. Con un dedo empiezo el camino, contorneando apenas el dibujo que contrasta con su piel desnuda. En forma de cruz se mueve de arriba a abajo, de izquierda a derecha faltando en todo caso el amén. Los poros se abren, la piel reacciona. El dedo retoma su ruta y siente unas vértebras en punta. Recorro una, dos. Sigo bajando.

Se suma otro dedo para abarcar el omóplato izquierdo. Ella mueve un brazo y el hueso de siente más. Por el borde inferior llego al derecho, que se adivina igual al anterior. Tengo ganas de besarlo pero me contengo. El final, al final. Vuelvo al centro a encontrarme de nuevo con su columna, en camino descendente y tentador. 

Con un tercer dedo siento la desviación de su columna. Una curva muy leve pero existente me lleva más abajo. Levanta un poco su cadera acercándome más detalles de su piel, como ese ojo que mira desde el borde mismo de su cola. 

Me detengo a disfrutarlo

Se estira, da vueltas, vuelve a su centro, abarca su cintura, dibuja, resalta, da un marco perfecto a lo que viene a continuación.

Uso toda la mano para recorrerlo. Las yemas de los dedos avanzan por el dibujo, las uñas provocan la piel. Ella responde. De nuevo me dan ganas de recorrer sus dibujos con la boca, pero de nuevo me contengo.

Ya en su cola y con la mano completa masajeo la carne. Movimientos circulares que se van cerrando hacia el centro, palpando, apenas pellizcando, acariciando. Cuatro dedos empiezan en el coxis y bajan más, hasta ahí.

Escapo a sus piernas disfrutando de la parte interna de los muslos. Se mueve más así que pienso que le gusta. Tanto o más que a mi. Un poco de presión y separa más las piernas, dejándome hacer. Mi mano recorre hasta los pies, izquierdo y derecho. Sube y se aprovecha de nuevo de la suavidad de esos muslos.

Y me dejo hacer.

Con dos dedos llego hasta su labios. Siento la humedad de su concha y presiono más. Se meten, resbalan enseguida, los dejo. Un suspiro profundo me anima a más. Saco los dedos y un poco más adelanto encuentro su clítoris y lo masajeo muy despacio. Se suma un tercer dedo bordeando los labios. Cuatro, todos adentro. Levanta un poco más la cadera y aprovecho para jugar a entrar y salir con los cuatro. Ya no es húmedo, es mojado. 

Apoyo la cabeza hinchada de la pija y empujo, los labios se abren y ella también. Un empujón más, todo adentro. Recostado sobre su espalda y la verga hasta el fondo, justo antes de empezar a movernos y al borde de su oreja uso mi lengua:

“Te extrañaba”, le digo.

“Yo también” imagino que me dice. 

Y empieza otra conversación. Hasta el final.

Escrito por Em

Mayo 26, 2009 a 12:20 pm

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