Puro Blablá

El espacio interior en formato texto

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Un regalo

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En el bar la pendeja termina el trago y mira con ganas. Por sobre la mesa se acerca a mi oído y me dice:

- sabés cuál bombacha tengo puesta hoy?

- No, cuál?

- Ninguna 

Todavía esa respuesta suena en mi cabeza cuando se levanta y se va al baño. Vuelve y me da su celular.  Miro la foto que hay en la pantalla y veo unos labios finos, rosados, apenas separados para dejar ver el clítoris que se asoma, brillante. Su concha toda depilada y tentadora en primer plano.

“Vamos”, apura. Me levanto como puedo, el bulto de mi pija es evidente. Salimos del bar y en la primer esquina oscura la beso, la lenguas duras jugando a matarse. Una mano debajo de su pollera, un dedo en su concha. Lo saboreamos, vuelvo a meterlo. Se deja.

Taxi y en unos minutos estamos en su casa. “Entrá que mis viejos están de viaje”, invita. Apenas cerramos la puerta la empujo contra la pared y empiezo a besarle el cuello, la nuca.

“Quiero ver”, me dice, y de la mano me lleva hasta el living, frente a un espejo. Le bajo la pollera y enseguida queda ante mi un culo hermoso, rosado, que lo abre con sus manos. Me arrodillo y empiezo a chuparlo. Despacio juego con la lengua en ese culito apretado. Lo lleno de saliva, lo beso, apenas un dedo. Ella se inclina más y mira de reojo por el espejo cómo la estoy chupando. Aprovecho para pajearla despacio, mientras voy subiendo por su espalda con mi lengua. Un dedo en el culo y otro en la concha, que se tocan. Ahora dos, ella cada vez más mojada. Le muerdo el cuello y le digo cuánto me calentás pendeja. Me encanta eso, agrega.

Ya completamente desnudos, se separa de mi y sube a una mesa. “Quiero que veas”, dice, mientras empieza a pajearse. Abre bien las piernas y deja ver su concha ya mojada, empapada. Con el índice y el medio abre los labios, con la derecha se toca haciendo círculos. A veces mete dos dedos, a veces se frota, a veces me ordena innecesariamente que mire.

Me arrodillo y la ayudo con la lengua. Ella se toca, yo chupo. Ella separa los labios, yo doy lamidas de arriba a abajo. Me dice que quiere acabarme en la boca, siento el flujo dulce en mi lengua, el grito ahogado de nena.

Y en ese momento exacto, casi al final del orgasmo con ella en el borde de la mesa, le meto la pija de dos empujones. Abro con la cabeza, ella abre los ojos, y con el segundo empujón la verga toca el fondo. Despacio empiezo a moverme, los dos miramos esa unión perfecta, cómo entra y sale la pija, cómo se dilata la concha. Cada vez más rápido, le muerdo las tetitas, el cuello, la boca.

“Esperá, ahora quiero cogerte yo” dice la pendeja, mientras se baja de la mesa y me empuja hasta el piso. Se sienta encima y se acomoda la pija para que entre bien. Antes la escupe, lame la cabeza y ahora si la mete. Se mueve despacio, dando golpes secos con su cadera. Se recuesta sobre mí para que le chupe las tetas, le diga cuánto me calienta. Levanta un poco el culo y empieza a moverse más rápido. Siento cómo las caderas chocan, cómo la verga se mueve dentro de ella, cómo sale casi toda para volver a entrar de un solo golpe. Gemimos, mordemos, lamemos. Acaba de nuevo y yo a punto.

Cuando dice “quiero verte acabar”, siento la leche en la punta de la pija. Aguanto. Se separa un poco y se sienta sobre mis piernas, la verga en su mano, la paja final. Sus uñas pintadas de rojo, prolijas, se destacan en mi carne venosa. Aprieta más y me mira, desafiante. 

El primer chorro de semen sale fuerte, salpica. Sigue brotando espesa en una mano. Con la otra termina una nueva paja que la hace gemir fuerte. Me gusta escucharla.

Limpia las últimas gotas de esperma con la lengua. Le encanta calentarme y sabe cómo. Me dejo hacer.

Ya en la vereda me despide con un beso dulce y rápido. Y me da un paquete para el camino, dice.

En el taxi lo abro. Una tanga blanca, mínima, con una mariposa en la parte de atrás. Sabe cómo calentarme, y nos encanta.

Escrito por Em

Mayo 5, 2009 a 12:11 pm

Escrito en sexo

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