Puro Blablá

El espacio interior en formato texto

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La fantasía de lo real

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De jugar a gustarnos pasamos a ser explícitos. Esa ventana en la PC me dejaba decirte a la cara cuánto me gustaría hacerte la cola, y en la misma ventana leía cómo me cogerías de fuerte. Ahora jugábamos a creernos, porque nos gustaba sabernos así.

No importa quién propuso, pero pasó. Nos encontramos a una cuadra del telo acordado, conociéndonos apenas por unas fotos compartidas. Para evitar ese primer momento incómodo de hola como estás, te costó llegar, te imaginaba más alto, nos vimos y nos besamos. No queríamos que la fantasía se diluya entre las excusas de la realidad (o al menos yo no lo quería)

Nos besamos

Cada uno explorando la boca del otro, jugando con las lenguas y siendo explícitos de nuevo.

Quiero cogerte ya, me dijiste al oído. Y mi cuerpo reaccionó al instante. De ahí al telo y a desnudarnos frente al espejo. Esa mezcla de olores que eran tu perfume y vos me hicieron querer más. Acostada boca abajo dejaste que te recorriera la nuca, los hombros y la espalda buscando más de ese olor. Un poco lamiendo, un poco besando, sentía cómo tu piel se abría con la humedad. Ya desnudo y arriba, dejaba que mi pija roce tu cola mientras seguía acariciándote la espalda.

La imagen reflejada en el techo enmarcaba dos cuerpos desnudos y la sumisión de uno de ellos. Te dejabas hacer y yo quería.

Levantaste apenas la cadera en clara señal de querer más. Con ganas me sumergí en tu carne, abriendo espacio con mis manos para que la lengua empiece a jugar con los pliegues. Primero los labios, recorrerlos de arriba a abajo sintiendo el gusto dulce del flujo, lo suave de la piel. Más abierta y más adentro, la lengua duele, la acompaño con un dedo. Alterno labios y culo, todo lo que está a mi alcance.

Ahora la imagen en el techo refleja dos cuerpos desnudos y la sumisión de uno de ellos. Pero los roles cambian y me veo perdido en vos.

No conocerte me excita aún más. No saber qué esperar cuando te gusta ni saber qué pensás cuando tu cara se transforma de placer.

Me entrego a lo nuevo, a lo que no controlo. Cogemos despacio mirándonos de frente, o fuerte desde atrás. Por momentos sos apenas detalles que desconozco. Como al todo.

La realidad se diluyó en las excusas de la fantasía. Cada uno con la suya, o al menos eso sentí.

Todavía no volvimos a vernos. No nos animamos al segundo encuentro ni a perder la fantasía que cada uno consiguió aquella vez.

Escrito por Em

Octubre 25, 2009 a 10:13 pm

Escrito en Intimidades, sexo

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En la punta de los dedos

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Después de ver cómo se chupa los dedos de su mano izquierda, uno a uno, limpiando (disfrutando) el chocolate derretido, él le propone. Le pide, invitado por la mirada cargada de ganas de ella. Le ordena, de la forma más amable que tiene. Le sugiere, esperando un sí como respuesta.

Porque ellos juegan entre los personajes y las personas, entre las promesas y lo concreto.

“Quiero sentir tu humedad ahora. Quiero lamer yo esos dedos con gusto a vos”, le hace saber. “Tocate ya, que nadie mira, y dejame sentir”, le sugiere.

Simple. Y tentador. Ella sonríe y sus ojos se encienden. Esos que saben mirar más allá de la primer barrera. Que son tan cómplices como partícipes, que no se cierran porque aman ver.

Se para al lado de la mesa y lo invita a un abrazo cariñoso y socialmente educado. Y mientras toma la mano de él, propone “por qué no me tocás vos y me sentís directamente?”. Un detalle, una jugada que a él le encanta mientras su mano ya se abre camino por el jean, la ropa interior, lo suave y lampiño de su curva hasta llegar. Mueve sus dedos por sobre los labios, roza apenas el clítoris y baja, presionando. Siente lo húmedo de su flujo y entra muy apenas con el índice y el medio.

Sale, con el sabor de ella en la mano. Huele, es el olor a sexo que comparten cada tanto, es el olor a placer que se regalan entre paredes y a escondidas. “Compartí”, ordena ella mientras los dos chupan esos dedos, se besan en el medio y chupan de nuevo. No hay nadie en el café que sospeche más allá de ese abrazo cariñoso.

Ya en el camino de vuelta, después del café, él sigue oliendo sus dedos. La esencia del placer en la punta del índice y el mayor.

El gusto a ella, ahí en su mano. Sonríe mientras vuelve a casa.

Escrito por Em

Julio 31, 2009 a 12:20 pm

Escrito en sexo

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Un gustito

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Él tiene un pequeño gusto. A veces se le da, pero depende de ella.

Cuando la ve haciendo pis siente repentinas ganas de que así, sentada y meando, le chupe un rato la pija.

Si está empezando la descarga, ella dice que se desconcentra y no puede las dos cosas. A veces corta y se dedica a él, a veces lo echa del baño diciendo esperá que te agarre y vas a ver cómo te vuelvo loco con esta boca y estas manos.

Pero a veces acuerdan y por un rato ella sentada y él parado enfrente se entregan al pequeño disfrute compartido y multiplicado por el espejo, que cada tanto y de reojo espían.

Y ya lo saben: la puerta abierta del baño es toda una tentación.

Escrito por Em

Julio 26, 2009 a 11:13 pm

Escrito en General

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Bombacha rosa

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Flaca. Las tetas chatas cuando esta boca arriba. Como ahora. La mano en la concha y pajeandose, despacio por sobre la tanga, haciendo zapping 10pm.

Abre apenas la boca. No tiene ganas de coger, solo de tocarse. Toma un trago de vino y vuelve a la paja, como distraida. No quiere pensar en el pelotudo que la dejó diciendo que quería su tiempo, su espacio. Vamos, seguro que se quiere coger a otra y si no consigue a nadie, o se aburre, vuelve alegando amor. Típico.

Otro trago de vino y encuentra una buena en la tele. Al menos unas tetas y un ensayo de garche. Se sonríe cuando se da cuenta que esas tetas bamboleantes la mojan, la calientan. No sólo los dedos sino esas tetas plásticas ahí en la pantalla.

Ganas de tener unas así? No. Ganas de chupar unas así y bien chupadas, no como el pelotudo que lo único que hacía era puntita de lengua desde lejos.

Prende un pucho. Otra copa de vino y un poco más de franela, ya sin tanga que empapada está en el piso, al lado del celular que puta madre no suena. Importa? dice que no, pero parece que si.

Piensa si mandar o no un mensaje con la palabra hot al 40404. Pero para qué pagar por unas fotitos si en internet hay mucho porno gratis, como ese que de vez en cuando miraba, sobre todo cuando el pelotudo tenía partido.

De pronto se acuerda del pendejo. Ese que le tiene ganas en horas de oficina. Le manda mensajes, la invita a almorzar, escribe cosas pensando en ella. Hasta parece que coge bien y todo. Pero con él nunca concretó, siempre un histeriqueo seguro, no sea cosa que le guste de verdad y ella con el pelotudo.

Se acuerda y la paja mejora. Mojada los labios abiertos y suaves. Caliente y más rápido, quiere acabar.

Y lo hace. Además de terminar el vino y abrir la ducha. Pero antes una costumbre, se chupa los dedos recién acabados. Le encanta su gusto dulzón.

Tiene la bombacha rosa de navidad ahí en la cama. Justo al lado del celular con un mensaje.

Del pelotudo

Diciendo

Feliz navidad. Q stes ok yo en ksa un poco triste pero bue. Pienso en vos.

Andácagar, piensa ella.

Recién pajeada, bañada y con bombacha rosa, se siente bien. Y eso es mucho decir para una noche de navidad.

Escrito por Em

Diciembre 24, 2008 a 12:32 pm

Escrito en Intimidades

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Mientras tanto, las medias

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Los tipos son tres, en bolas, en un cuartucho esperando a la puta, una paraguayita divina que les prometió show lésbico y fiestita. Una cama grande, espejo a los costados, un aire acondicionado, un banquito y almohadones.

No hay mejor lugar para un domingo 8am después de haber ganado en el casino. No hay.

Así que ahí están, uno al lado del otro, cuando aparece la paraguayita y su amiga. Una enfoca al rubio, baja la vista, se sonríe y no dice nada.

Qué mira?

El rubio, blanco y pecoso en todo su esplendor, luce orgulloso sus medias tres cuartos. Negras y finitas. Ahí, resaltando.

El flaco y el lindo se ríen. Las pijas paradas pero muertos de risa.

Las chicas empiezan su show, que no van a terminar porque ya el flaco le muerde una teta a una y el lindo le palpa un cachete a la otra.

El rubio mira.

Y esas medias.

Lo último que escuchamos, antes de dejarlos en paz, es al rubio diciendo: Ah, no!!, si me la chupás así acabo en dos minutos!…. te dije!!

Y nos vamos. Que ellos tengan la fiestita por la que pagaron. Que se vean en el espejo, que jueguen a pornostars.

Y que el rubio se saque las medias. Por favor.

Escrito por Em

Diciembre 3, 2008 a 3:56 pm

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Franela

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Dejame que te cuente.

Ya el viaje en taxi estuvo bueno. Un tanto borracho, lo justo, con ella riéndose y con ese perfume que te dije, algo como porro, dulzón, no se.

Un colchón en el piso. Eso vio la extranjera trucha apenas entro a mi casa. Indisimulables las intenciones de garche. Nos transamos como dos pendejos calientes, apoyada ella contra la pared y mi bulto apoyándola a ella. Le besaba el cuello y más se olía ese perfume. Estábamos calientes. Viste cuando apenas te conocés con alguien y estás caliente por curiosidad? Como que ese descubrir está bárbaro, pensando cómo será, qué le gustará.

No se. Para mi las minas nuevas son tentadoras.

Pero esperá que te sigo contando. Porque de esta mina no me olvido más.

Transando como dos pendejos. Le toco el culito y casi me entraba en una sola mano. Divina ella.  Puse música, no me acuerdo pero me parece que Massive Attack, daba para el garche urgente. Pero me dice que está indispuesta. Qué?. Le creo o no? Está bien que es la primera vez que iba a mi casa, la segunda que nos vemos. Frenar así?. Pero no, escuchame. La mina me tiró en la cama y empiezó a sacarme el pantalón. Ese momento es genial, cuando te van desprendiendo los botones y el jean no baja porque tenés la pija al palo.

Me sacó todo. Enseguida me agarró la pija, al palo obvio, y empezó a hacerme una paja y a chupármela. No sabés lo bien que lo hacía. Lengua, labio, dientitos, todo. Y me miraba la hija de puta mientras me la chupaba. Y no sabés cómo me chupaba los huevos!, si, la primera vez!. Hay códigos, pero todo se fue al carajo.

En vez de hacerme acabar enseguida, se sacó la remera. Unas tetitas chiquitas, muy blancas. Muchas pecas y una piel suave, hermosa. También se sacó la pollera, tenía medias, que se dejó. Se me tiró encima y empezó a franelearme. Me pasaba la concha, con medias y bombacha, por la pija que la tenía a punto. Me frotaba, dolía un poco pero no sabés cómo me calentaba. Le chupaba las tetas y le apretaba el culito. Tenía la bombacha toda mojada, estábamos muy calientes.

Me chupaba la oreja y me decía boludeces al oído. Que tenía la pija hermosa, que estaba muy caliente, que me quería coger pero ahora no, que la muerda un poco.

Le dije que le quería acabar en la boca.

Y me dio el gusto. Me la chupó un poco más hasta que acabé y se tragó todo. Si, una hija de puta divina.

De esa mina no me olvido más.

Y no me olvido porque fue la única que me dejó. A los meses de salir, coger, hablar de cine, tomar vino y seguir cogiendo, me llamó y me dijo que no me quería ver más. Así nomás.

Si, de esa mina no me olvido más. Se llamaba…. esperá. Cómo se llamaba?

Escrito por Em

Noviembre 26, 2008 a 11:07 am

Escrito en Intimidades, sexo

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Lamerte (hasta dejarnos de joder)

con 8 comentarios

Te lamería toda. Empezando por la boca, los dientes, los labios.

No besarte, lamerte.

La oreja, el cuello. Los tatuajes, las tetas.

Lamerte bien húmedo.

Las tetas de nuevo. Pezones, abajo, alrededor.

Lamerte con ganas. Lamerte sin culpas.

Hasta que dejes de mentir. Hasta que dejes de cerrarte.

Hasta hacerte creer que todo puede cambiar. Que el amor existe.

Lamerte el ombligo. Darte vuelta. Lamerte la raya, lamerte el culo bien lamido.

Alrededor. Adentro.

Mojado.Chorreando. Darte vuelta de nuevo, lamerte la concha de a poco. De arriba a abajo. Adentro, lamer tus jugos. Lamerte el clítoris, todo, toda.

Seguir lamiendo tus piernas. Los dedos del pie.

Repetir.

Lamerte hasta que sea otro día. Otra excusa, otra casa.

Lamerte en la tuya, en la mía, en un telo, subida a la mesa, contra la pared, en una silla, en el piso, en la cocina.

Lamerte hasta que te ablandes. Lamerte hasta que tu piel deje de ser una excusa, otra más para no animarnos.

Seguir lamiéndote hasta que tu piel se ablande. Hurgarte, sacártela.

Y así, expuesta, entregada, verte. Descubrir quién sos. Cómo sos cuando no te importa nada. Ni siquiera yo.

Prometer hacernos bien. Cuidarnos. Y saber que eso es imposible.

Pero que el deseo es más real que el amor.

Sin piel, expuesta, entregada, receptiva, abierta, encantadora, especial.

Y así que empieces a lamerme. La boca, los dientes, los labios.

Compartirnos hasta que no quede nada en el medio.

Hasta que duela.

Escrito por Em

Octubre 16, 2008 a 11:45 pm

Escrito en General, sexo

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Lo mio es tuyo

con 17 comentarios

Ella le agarra la pija desde la base. Así parece más grande. Está dura, palpitando. La cubre con vaselina, despacio porque está fría. Toda la pija llena de vaselina, brillante y resbaladiza. Empieza a mover su mano. Le gusta como la cabeza se cubre y se descubre, cómo va hinchándose cada vez más.

Primero suave, movimientos largos pero suaves. Se monta sobre él, mirándolo. Teniendo su pija entre las piernas, como si fuera de ella. Así, vista desde abajo, está pajeando su nuevo miembro. Se adueña, se apropia. Marca su propio ritmo, acelerando un poco más los movimientos. En su cara se nota cómo el placer aumenta. Está seria, lo mira a él y luego a su pija, que ya es de ella.

Se arquea un poco y empieza a pajearlo cada vez más rápido. A pajearse. Hace movimientos cortos, concentrados en la cabeza. Su cara es placer. Sus manos son placer, en el otro que es de ella.

Cada vez más hinchada la verga, ella dice “te voy a acabar”. Bajan la mirada y los dos ven cómo empieza a brotar la leche, espesa y blanca. Densa. Ella no puede dejar de mirar, se nota el placer en toda su cara. Sigue moviendo su mano hasta sacar la última gota, que termina de chorrearse hacia la sábana.

Y cuando vuelven a mirarse, sienten esa conexión egoista que tanto les gusta. Cada uno pensando en su propio placer, que también es del otro.

“Cada vez que quiera te voy a pajear, está claro?”, le dijo ella.

Y por primera vez estuvieron de acuerdo.

Escrito por Em

Octubre 13, 2008 a 4:46 pm

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Anotar en mi lista: comprar aceite

con 22 comentarios

Hoy no tenía la urgencia de verla acabar. Aunque disfrutaba de ver su cara tranformarse, de escuchar su respiración acelerada y su piel de gallina antes del orgasmo, quería otra cosa.

Cuando me vio entrar a la habitación con el aceite lo entendió y se dejó hacer. Sin la ropa interior, la desnudez se hacía explícita con sus marcas blancas, con la línea oscura y fina que dividía su pubis en dos.

Ella giró y me ofreció su cola, arqueando apenas la espalda. Empecé por sus pies. La excusa del aceite me permitía tocarla toda. Lento, muy lento, acariciaba entre sus dedos. Fui subiendo por sus piernas, moviendo mis dedos y viendo cómo el aceite la hacía brillar. Ya estaba excitado pero no importaba, hoy quería otra cosa. Me tomé mi tiempo entre sus muslos, sabía que le gustaba. Con movimientos circulares empecé a masajearle la cola, rozando apenas el final de su vulva ya húmeda. Seguí por su espalda hasta sus hombros, los que froté un buen rato. Vi que con su mano derecha se estaba tocando. Me gustó esa imagen.

La di vuelta. Boca arriba era igualmente excitante. La besé lentamente. No abrió los ojos. Apenas suspiró antes que empezará con el aceite por sus tetas. Con movimientos lentos me dediqué unos minutos a acariciarla, a verla así entregada. Bajé, seguí hasta rozar su concha, hasta tocar sus labios hinchados.

Con un poco más de aceite empecé a pajearla. Tocaba apenas su clítoris, lo rodeaba. Con dos dedos recorría los labios, sin entrar todavía. Sentía como ella se agitaba, cómo movía su cadera pidiendo algo más. Seguía moviendo los dedos de arriba a abajo, la vulva cada vez más abierta. Cuando apenas meto un dedo su espalda se arquea y acaba, fuerte, ruidoso, apretando mi mano con sus piernas.

Abre los ojos y me mira. Hago lo mismo. Me dice que me ama y me siento vulnerable. Siento que espera una respuesta y uso la de siempre: “yo también”. Después de un beso ella cierra los ojos, los míos cada vez más abierto. Salgo del cuarto y empiezo a tomar una decisión. Nunca fui bueno razonando, pero fui bueno para irme en el momento más inoportuno. Se que la voy a extrañar y eso me gusta.

Lástima. El aceite era de ella.

Pero el miedo sigue siendo mío.

Escrito por Em

Septiembre 7, 2008 a 12:01 am

Escrito en Intimidades, sexo

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Ahí en la mesa

con 8 comentarios

Intento, con poco éxito, dejar de mirarle la boca. Más prudente sería enfocar en el plato de maní salado, en la resaca de aceitunas picante, pero no. Esa boca se mueve, dice algo. Por suerte escucho algunas palabras, armo con eso una idea para responderle, seguir la conversación. Hago un esfuerzo, dejo sus labios pero encuentro sus ojos, más provocadores todavía. Dos almendras que buscan más allá, quieren ver profundo. Desconfían porque ya sufrieron. Pero todavía esperan.

Lo que importa, lo que atrae, todo condensado en un espacio de 80 x 80, mesa standard de bar. Más allá la realidad, las historias y el futuro, la carga de las decisiones y los demás.

Pero se está tan bien acá adentro. El disfrute básico de la intimidad reciente, del conocer al otro.

Las manos que se rozan con un descuido intencional, la barrera que se hace presente para ser saltada.

Pero no. Nos salvamos y nos quedamos cada uno de su lado, con el miedo tonto de que algo se termine, aunque eso sea todo. Con la sensación de que hay algo más. Con la torpeza que dicha sensación agrega.

Hago otro esfuerzo y enfoco las aceitunas. Ya no hay más. El maní corrió igual suerte. Es la hora. Los dos sabemos.  Y de a poco abandonamos ese mundo de 80 x 80. Afuera hace frío y todo vuelve a importar.

Pero se estaba tan bien ahí adentro.

Escrito por Em

Agosto 15, 2008 a 12:01 am

Escrito en General, Intimidades

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