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El último, parece.
Definitivamente era el último polvo. Los dos lo sabían, además de haberlo hablado. La historia entre ellos, que nunca había sido lo que tenía que ser, dejaba de ser algo. Y estaban de acuerdo, aunque tristes. Separarse era eso, triste.
Ese polvo, el último, fue el más sincero de todos. Profundo, buscando cada uno quedarse con parte del otro. Como si eso pudiera cambiar las cosas.
Los cuerpos muy apretados, juntos, las bocas no diciendo nada total los ojos se encargaban. Eran ellos dos solamente, nadie más en las cabezas. Hicieron todo sin decir absolutamente nada. Ni siquiera te quiero, algo que estaba de más. No lo habían dicho en un año, ahora habría sonado falso.
Acabaron juntos. Terminaron. Sin mirarse a la cara hasta el final, se vistieron. Cada uno guardó lo suyo, pero no todo. Sobre la mesa quedaban unos libros, alguna excusa para volverse a hablar aunque sea.
Al final se miraron. Extrañar al otro lo hace más deseable. Sabían que era lo único que en ese momento había entre ellos. Y no alcanzaba.
Habían vivido del otro lo que les hacía falta, sin saber que podía haber más. Pero distinto.
Y así, definitivamente, cerraron la historia.
El último polvo? No lo sabemos. Y ellos tampoco lo saben. Se les nota en la cara, cuando cada uno habla del otro.
O escribe.
NO (o un intento)
No voy a chuparte despacio, subiéndote a una mesa
No voy a cogerte desde atrás, con la cara contra la pared y las piernas bien abiertas
No voy a pajearte ni a rozarte apenas con dos dedos, que se humedecen con vos
No voy a contarte lo que te haría, mientras la tarde en la oficina nos aburre
No voy a abrazarte
Ni a escuchar tus historias del pasado
No prometeré que serás la próxima mujer de mi vida
Ni que en un telo te olvidarías de lo que te hace mal
No voy a jurarte que sos la única
No voy a ayudarte con las compras del sábado
Ni con las del domingo
No voy a dejar de pensarte
Ni a extrañar lo que no fue
Aunque hay un no mayor,
Y es que no voy a decirte que no
la próxima vez.
Ida y vuelta (en crudo)
Escuchame bien. Y obedecé. En cuatro, rodillas al piso. Sobre la cama no, en el borde. Porque si te calienta jugar de sumisa, vamos a jugar.
No vamos a hablar de amor. Vamos a coger como yo te diga. Porque metértela no es lo importante. Lo que importa es que lo quieras, que te mojes de sólo pensarlo. Estirar las ganas, no darte lo que esperás.
Asi que arrodillate y apoyá las tetas en la cama. Todo, tetas, cara, todo. Dame las manos. Si, este cinto es para vos. Te voy a atar porque me gusta así. Verte con el culito parado, atada, arrodillada, muerta de miedo y de ganas. Confiada.
Entregada.
La tanga te la saco yo. Ese es mi momento.
Te voy a chupar mucho. Todo. Toda. Abierta así me encantás.
Sumisa, atada, mojada, abierta, entregada.
Pero con el control. Porque no puedo dejar de mirarte y terminar haciendo lo que vos querías, lo que sabías que iba a pasar apenas nos vimos.
Te la voy a meter por atrás. Vamos a acabar.
Y es ahí, en ese momento de absoluta debilidad, cuando voy a creerte. Vamos a hablar de amor.
Y voy a cruzar la línea. Entregado. Tuyo.
En el vestuario: carnes femeninas al descubierto

En palabras de muchachas frescas vengo a descubrir la costumbre de exhibición de ciertas señoras en vestuarios femeninos, léase en piletas, gimnasios y otros antros en cuestión.
Algunas imágenes que ahora relucen en mi cabeza:
Escena 1: una señora, 40 pirulos para arriba, se embellece antes de salir del vestuario: seca su pelo con el secador, se peina, se maquilla, todo culotetachucha al aire. Acapara el espejo ofreciendo roce de piel tetuda o cadera con aquella dama que se acerque.
Escena 2: señora, cincuentona, sale de la ducha y emprende su encreme. Se acaricia pies, pantorrillas, muslos y culo, todo con una agilidad envidiable y apuntando sus orificios a las demás mujeres.
Escena 3: de cierta edad también, una señora se pasea en cueros por todo el vestuario, mostrando impúdicamente su mata de pelo negro espeso como el amazonas, estilo ochentoso ella, sin siquiera ostentar recortes de bordecito. Detalles que sorprendió a una de las muchachas frescas, quien cree que el cavado profundo debe ser norma para todas las damas.
A las acciones anteriormente descriptas, no se las puede hacer en toalla, tanga u otra cuestión que oculte en parte las carnes íntimas de las señoras?. Por qué esa cuestión de pasear sus pliegues, pelos, tetas, nalgas, enfrente de la cara de las demás?.
Cuando uno se pone grande, se hace exhibicionista no declarado?
Escena 4 pero en vestuario masculino: el señor, vaya titulo para él, se pasea con toallita al hombro pero con el tiento al aire, o sea el amigo haciendo péndulo. Se acerca a otro señor, sentado él, y le pregunta cuestiones tale: “y?, viste a boquita anoche”?, plantando a centímetros de una cara un miembro flácido recién lavado.
Y si se pone la toalla a la cintura y deja de pendulear ese señor?. Está bien olvidarse un poco del pudor en vestuarios compartidos, pero seguro que hay límites, seguro.
Estoy esperando que me lleguen esas ganas de embolarme, o sea ponerme en bolas, adelante del que raye. Bajar bien mis pantalones en el baño y mostrar las cachas, pasearme intentando hacer el helicóptero caminando, proeza de pocos, sentir que ese par de kilos de más no es nada, que lo importante es lo de adentro… del boxer, sentirme Hippie Hanglin, dejar mis carnes al sol.
Ya llegarán, parece. O eso es lo que me dijo el señor del vestidor, que pasea su colgante con orgullo y porte, sabiendo que no es necesario tener una anaconda sino más bien tener estilo.
Si te gusta la cucharita avisame
La señora, de pasada, dice en voz alta: “a Pato le gusta la cucharitaaaa” y se va sin más (los nombres son ficción. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia)
Entonces surge el tema: si o no a la cucharita?. Entiéndase por: posición generalmente realizada por dos personas (del mismo o distinto sexo), en un plano horizontal, con los dos mirando para el mismo lado, uno hecho copia del otro, respirada en la nuca, las piernas algo recogidas, pelvis agasapada.
Motivos por el si:
Da mucha intimidad
Permite el apoyo juguetón
Hay cierta cuestión de dominante / dominado
En invierno es fuente de calor, más allá de las medias ridículas que se usan en ciertas camas.
Motivos por el no:
Hay un brazo que sobra, es ese que si se pasa por debajo del cuello, se duerme. Si no se pasa, queda levantado y con ganas de sacárselo.
El “de atrás” se come los pelos del de adelante.
Si uno quiere girar buscando su perfil, no hay caso.
En verano imposible. El calor pegotea las carnes.
Yo no se. A veces si, a veces no, depende si la situación da para cuchara o para levantarse, tirar el triki triki y salir corriendo a medio vestir (antes de que se haga de día y la realidad aparezca)
Estoy en falta?, las damas SIEMPRE quieren cucharita?. Espero decidirme antes de dormirme y pecar de desconsiderado y desamorado.
