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Una mano
Corro el pelo que tapa su nuca privándome de ese buen comienzo. Dicen que empezar por el principio tiene sus ventajas, como poder disfrutar del final, al final. Con un dedo empiezo el camino, contorneando apenas el dibujo que contrasta con su piel desnuda. En forma de cruz se mueve de arriba a abajo, de izquierda a derecha faltando en todo caso el amén. Los poros se abren, la piel reacciona. El dedo retoma su ruta y siente unas vértebras en punta. Recorro una, dos. Sigo bajando.
Se suma otro dedo para abarcar el omóplato izquierdo. Ella mueve un brazo y el hueso de siente más. Por el borde inferior llego al derecho, que se adivina igual al anterior. Tengo ganas de besarlo pero me contengo. El final, al final. Vuelvo al centro a encontrarme de nuevo con su columna, en camino descendente y tentador.
Con un tercer dedo siento la desviación de su columna. Una curva muy leve pero existente me lleva más abajo. Levanta un poco su cadera acercándome más detalles de su piel, como ese ojo que mira desde el borde mismo de su cola.
Me detengo a disfrutarlo
Se estira, da vueltas, vuelve a su centro, abarca su cintura, dibuja, resalta, da un marco perfecto a lo que viene a continuación.
Uso toda la mano para recorrerlo. Las yemas de los dedos avanzan por el dibujo, las uñas provocan la piel. Ella responde. De nuevo me dan ganas de recorrer sus dibujos con la boca, pero de nuevo me contengo.
Ya en su cola y con la mano completa masajeo la carne. Movimientos circulares que se van cerrando hacia el centro, palpando, apenas pellizcando, acariciando. Cuatro dedos empiezan en el coxis y bajan más, hasta ahí.
Escapo a sus piernas disfrutando de la parte interna de los muslos. Se mueve más así que pienso que le gusta. Tanto o más que a mi. Un poco de presión y separa más las piernas, dejándome hacer. Mi mano recorre hasta los pies, izquierdo y derecho. Sube y se aprovecha de nuevo de la suavidad de esos muslos.
Y me dejo hacer.
Con dos dedos llego hasta su labios. Siento la humedad de su concha y presiono más. Se meten, resbalan enseguida, los dejo. Un suspiro profundo me anima a más. Saco los dedos y un poco más adelanto encuentro su clítoris y lo masajeo muy despacio. Se suma un tercer dedo bordeando los labios. Cuatro, todos adentro. Levanta un poco más la cadera y aprovecho para jugar a entrar y salir con los cuatro. Ya no es húmedo, es mojado.
Apoyo la cabeza hinchada de la pija y empujo, los labios se abren y ella también. Un empujón más, todo adentro. Recostado sobre su espalda y la verga hasta el fondo, justo antes de empezar a movernos y al borde de su oreja uso mi lengua:
“Te extrañaba”, le digo.
“Yo también” imagino que me dice.
Y empieza otra conversación. Hasta el final.