De noche y con la habitación a oscuras empezó el juego. Ambiente ideal para imaginar que ella era cualquiera, la que quisiera en ese momento (a veces también es ella, pero no siempre)
Besos que de picos exploratorios pasan a lenguas, a saliva, a mordida de labios y jugueteo prometedor. Que de la boca pasan al cuello, al hombro, a la clavícula, al cuello de nuevo, a las tetas de pronto.
Y ahí, en las tetas, dedicarse un tiempo. Y sentir cómo, con la punta de la lengua, empiezo a recorrer el contorno de su pezón antes de que su piel cambie, se vuelva más tensa. Juego con la punta, la chupo, la mordisqueo y a la otra también, alternando entre las dos. La piel de sus tetas es suave, se adivinan las venas azules que seguramente resalten más el blanco, como las vetas resaltan en un mármol.
Escucho gemidos y me imagino la cara que casi no veo, ojos cerrados y boca apenas abierta, sintiendo cómo las ganas nacen, crecen y se reproducen. Pero de a poco deja de ser su cara, algo sin importancia en ese momento.
Su mano encuentra mi pija y la aprieta fuerte. Me suelto y bajo, besando el camino hasta llegar adonde quiero. Sus muslos se abren un poco más y encuentro los labios que busco. Siento el calor en mi cara y la humedad que ya moja mi boca. En la oscuridad voy lamiendo de a poco los labios y el clítoris hasta penetrarla con la lengua, lo más adentro posible, me ahogo en ella que ya es cualquiera. Saboreo su flujo y quiero más, quiero hasta que me acaba en la boca, con espasmos largos la boca empapada.
Su lengua me endurece la verga, la prepara, la boca llena de saliva la cabeza antes de que en el aire oscuro se escuche el pedido. Y empezamos a coger los dos. Ella de costado y las piernas flexionadas, sumisa, recibiendo mi pija que entra y sale rápido, fuerte, con una mezcla de ganas y bronca. Le pajeo el clítoris mientras cogemos, nos mordemos, cambiamos. Se arrodilla y levanta el culo para que la verga entre mejor, derecha, lo más al fondo posible. Hasta el tope, hasta el límite.
En la oscuridad se escucha más, se huele más, se siente distinto. Existe el riesgo de la desconexión, claro, si de a ratos lo siento. De a ratos vuelo a otros cuerpos, otros olores y gemidos, otras ganas.
Y vuelvo justo a tiempo para acabarla. Antes del primer chorro saco mi verga y la empujo contra el agujero de su culo. Entra apenas la mitad de la cabeza cuando el semen sale y moja su carne. Siento cómo un poco cae en las sábanas.
Volví justo a tiempo para saber que era ella la que estaba acabando conmigo. Y en la oscuridad, sonreímos.
hablemosdeese
agosto 23, 2010
Vale la pena irse a dormir así, desnudos, acabados, llenos de olor a sexo. Para levantarse al día siguiente en ese ambiente caldeado y caluroso y empezar de nuevo a frotarse y a franelearse. Es como un continuado entre las sábanas, lo mejor del mundo.
Blanc//
octubre 5, 2010
“En la oscuridad se escucha más, se huele más, se siente distinto.”
esa frase y ese párrafo, para mí engloba todo.
esa dualidad riesgosa y placentera.
Guille
octubre 11, 2010
Dicen que una buena mujer, es la santa de día, y la puta de noche.
Em
octubre 11, 2010
Hablemos: si el ambiente es sensual y compartido, gran momento el continuado, no?
Blanc: veo que le interesó esa parte, y hace bien. El relato se puede leer como uno quiera, pero me parece que lo central era esa oscuridad, y el riesgo de estar cogiendo con alguien que no está en esa cama. Por supuesto sentiremos la carne, pero dónde está nuestra mente? dónde nuestra fantasía? La oscuridad, si bien nos ayuda a descubrir otros sentidos, hace más fácil la huida.
Guille: mucho tiempo sin leerte por acá (mucho tiempo to tb sin escribir). Y sabés qué? hace rato dejé de creer en los santos, haya la luz que haya.
Creo que la buena mujer es la que se hace cargo de lo que es. De su esencia, de su naturaleza.
(y por supuesto q las putas nos gustan, pero al mismo tiempo nos dan miedo)