Cuando ella le pide

Posted on agosto 20, 2010

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Pegame.

Esa palabra lograba ponerlo muy duro. En realidad, el pedido que esa palabra representa. La intención.

Él sabía, porque la sentía, que cuando la flaca le pedía estaba muy caliente. Arrodillada y bien abierta, sintiendo cómo la verga empujaba, ella le regalaba ese momento. Se entregaba completamente a él cuando le decía “pegame”. Y esa intención de que él supiera lo ponía muy duro, lo calentaba, aumentaba su placer.

El deseo es algo mental y sentir esa entrega, esas ganas de ser marcada, a él le volaba la cabeza.

Pero no era un experto en el golpe, en la cachetada picante y certera. Igualmente ensayaba un sopapo cada vez más fuerte en la carne blanca del culo de ella, que de a poco cambiaba de color. No sabía si era mucho o poco, pero confiaba en los gemidos que escuchaba.

Eso si, desde atrás le encantaba ver su verga perdiéndose dentro de ella y disfrutaba de los detalles, como los labios de su concha ajustándose a su carne, el flujo que lubricaba el roce, sus manos bien fuertes en la cintura, las tetas moviéndose a ritmo y las manos de ella retorciendo las sábanas.

El culo marcado por los golpes era el marco ideal para una imagen al principio genital, luego de entrega. La cogía lo más fuerte que podía, quería perderse en ella, fundirse, entregarse también. Se recostaba sobre la espalda de la flaca y todo su cuerpo sentía al otro cuerpo. Su mano frotaba el clítoris hinchado, su boca mordía esa nuca dispuesta, sus ganas eran todo.

Cuando él acababa, ya sea adentro o en el el culo de ella, sentía algo parecido a la melancolía. Eso después del placer del orgasmo, pero lo sentía. Sabía que los cuerpos se separaban, que la entrega dejaba de estar presente, que volvían a cerrarse en sus mundos.

Al menos hasta que de nuevo se buscaban, de a poco, como probando, como tímidos, como negando lo obvio.

Y volvían a encontrarse.

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Posted in: Intimidades, sexo