Acerca de mis intenciones cuando usted está de espaldas

Posted on mayo 12, 2010

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Poema del cuerpo

libro abierto

ranura del alma

atajo al corazón

Me inclino hacia esa boca

que rara vez sonríe.

No dudemos amiga de ese acto, esa acción repetida, esa costumbre adquirida. O mejor dicho no dude usted de mis intenciones cuando la empujo de jeta contra la pared y empiezo el franeleo general. No es que no quiera verla, es que me encanta verla.

Así, las tetas grandes y carnosas contra la pared aplastadas. Contra la pared fría y áspera.

Me encanta verla así de entregada, esperando. Con esa costumbre de abrir muy apenas las piernas

Y esperar.

Usted sabe lo tentadora que puede ser así dispuesta. Pegarme a su cuerpo no es costumbre, es placer. Olerle el cuello de pendejita insolente, sentirle y morderle la nuca. Rozar con la boca esos hombros, hundirle los dientes cada día más fuerte. Seguir con la lengua el camino de sus tatuajes

Mientras froto el bulto contra la carne. Mientras con una mano busco su boca y con la otra busco más abajo.

Usted tuerce la cara, mira la escena y deja que le muerda los labios de arriba. Cierra los ojos y se deja más, sacando culo y abriendo las piernas ya toda desnuda.

Sabe qué? cuando recorro los labios, los de abajo, con dos dedos, esa suavidad me conmueve. Dos líneas perfectas que de a poco ceden, se despegan. Y la humedad deseada que se hace presente. En sus labios y en mis dedos que se animan a entrar. Uno, dos, tres, toda la concha ocupada, llena, revuelta.

Arquea más la espalda y la cola se destaca. Sabe usted que soy débil y me tiento. Por eso sabe que al tiempo de pajearla y apretarla contra la pared, frotando mi cuerpo ya desnudo contra el suyo, voy a querer lengua.

Y así, en esa pose sumisa y controladora, de espaldas pero más hermosa que nunca, me arrodillo como ante un ídolo, como quien limpia sus culpas rezando. Pero no hay culpas sino el placer de hundirle mi lengua en el agujero del culo. Qué tentación empezar en ese punto ajustado, pasarle la lengua y metérsela, abrirle los cachetes con las dos manos y lamer a gusto. De ahí a los labios bien separados, abiertos y húmedos, entrar con mi lengua desde atrás, hundir toda mi cara en su carne.

Chorrearme con su flujo

Ahogarme, empujar más

Darla vuelta, ahora si de frente ante su boca que rara vez sonríe pero que me encanta besar. Usted sube una pierna a mi hombro y yo chupo con comodidad, a discreción. Si piel suave me invita a lamer contornos, pliegues y cavidades.

A sonreír con la mente cuando me aprieta más contra usted y me acaba en la boca. Y trago todo lo que puedo, por supuesto.

A veces pienso que es un atajo al corazón, como dice el poema. Que usted me va a querer, si eso es posible.

Por eso también la beso en la boca, la de decir. Antes de escucharla la beso, compartiendo fluidos y ganas.

No dude de mis intenciones de llegar a quererla. Hacerlo es un placer básico y egoísta, por eso me encanta.

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Posted in: Intimidades, sexo