A mi también me gusta leer lo que cuentan. Saber lo que imaginan. Espiar por la cerradura del baño.
Y me gusta compartir. Por eso les dejo un texto de una conocida señorita extraña, aún sin nombre, que gentilmente me lo envió en privado y que acá hago público. Espero que les guste tanto como a mi.
————————————————————————-
No esperaba una declaración: a esta edad ya no es necesario.
Era amistoso, supuestamente, hasta que me dijiste: -Mostrame tu parte guarra, acaso no la tenés?
-Por qué? No estoy orgullosa de eso. Además no quiero desvirtuar algo que empezó tan bien entre nosotros…
-Yo sí quiero desvirtuar. Quiero conocer tu lado B.- Súbitamente me calentaste, pero intenté mantener la compostura.
-¿Mi lado B?- y al preguntarte te acercás bastante.
-Si, la parte que no mostrás- sigo ascendiendo en temperatura, concretamente siento que me moja el flujo y físicamente me preparo para lo que me prometo “no vas a hacerlo: no”.
Pero es demasiado, demasiado, estoy tan paralizada que -como buen provocador- te hace avanzar, sin dejar espacio para la duda ni espacio entre nosotros. Te tengo apoyándome. Ya es tarde. Podría decir que no es tarde, podría salirme, claro!
Podría…
Pero me recorre un cóctel entre hormonal y psicológico, casi no puedo mirarte porque tengo vergüenza de algo que se supone es secreto: que por debajo de mi pantalón estoy empapada.
Los secretos duran poco. Sobre todo cuando dos personas están apoyadas casi por completo una en la otra -¿por qué no me quedé sentada?-. Y tu mano primero me roza suavemente el culo, así como de costado -la izquierda va subiendo por mi espalda-.
Está oscuro, este pub es tan oscuro -¡mierda!-: no puedo decir que alguien además de nosotros se de cuenta de lo que estás haciendo!
No me resisto, al contrario, y vas por más: ahora estás metiendo la mano en mi ropa interior, por detrás, sos más alto, lógicamente llegás por mi culo a mi vagina y podés corroborar la sospecha. Yo ya desearía estar en una cama, cogiendo. Tan contradictoriamente paso de la indiferencia al ardor repentino -vinimos a charlar de algo concreto-. Cierro los ojos, y vuelo, te juro que esos dedos me hacen volar, abro las piernas para dejarte entrar y moverlos con libertad. Tu otra mano en mi nuca: me invitás a dejar caer la cabeza y expongo el cuello. Tampoco se te escapa. Siento humedad por ambos lados…por los labios de ambos lugares de mi cuerpo…por la yugular, en la entrepierna…si pudiera acabaría así, parada. Estás de frente y podés rozar mi clítoris como si estuviéramos acostados.
Abro los ojos y veo a un hombre que se dio cuenta, en medio de tanta gente alguien nos ve… y lo miro de frente, ya no sé si para provocarlo por su atrevimiento o para terminar de convencerme de su voyeurismo… porque ya no sé realmente lo que hago.
Notaste que cambié en tensión pero no te detenés, no parecés dispuesto a parar. Y en medio de esos movimientos que duran un siglo vos también te das cuenta, te excita aún más que nos miren, aunque sólo sea uno entre cientos, allá en la barra a 6 metros, seguramente calentándose también aunque sólo pueda estar imaginando.
-Vamos abajo.
Abajo hay sillones. Hay luz negra. No se ve un carajo, es para bailar música en trance.
¿Acaso podría negarme?
Sí, podría pero te sigo tomada de la mano izquierda.
La otra sigue reservada para mi culo. Mientras me llevás entre la gente probás el sabor de mis fluidos. Me pregunto por qué acepté verte, por qué me hacés sufrir así, por qué no vamos a tu casa, por qué no hago el gran desplante que guarde mi honor y me retiro…me pregunto pero no respondo.
Seguro conocías muy bien el lugar. Los sillones son como estar en un telo, con excepción de no estar solos. Pero hay lugares en los que no llega a verse nada. Lógicamente sentados terminamos acostados de perfil vos detrás mío. Dios! Ya no aguanto, temo todo el tiempo desbandarme: ya estás conociendo el lado B…lo seguís presionando hasta que podés palpar un orgasmo completamente tuyo, mío en tu mano, mío en tus oídos, mío en tu verga que al apoyarme siente la presión que yo le ejerzo porque la deseo desesperada y no me la das. Te refriego lo máximo que puedo.
Besos escalofriantes… saliva desobediente…Tengo las orejas, el nacimiento de mi cabello, las mejillas lamidas por tu lengua.
Sólo ahí recuerdo que hace media hora te dije “no”: sólo ahí cuando mi pensamiento está centrado en seguirte a donde quieras llevarme, para que completes penetrándome con tu pija lo que empezaste acá. Ahí volvió a mi mente el “no quiero desvirtuar” completamente perdido.
Está todo desvirtuado y lo único que quiero es profundizar aún más.
Psicoloca
mayo 7, 2010
Bien ahi.. subió me temperatura por un rato.
Em
mayo 10, 2010
Psicoloca: a mi también me ayudó a subir…
Por supuesto que me vi en el rol del muchacho en cuestión, así q la pasé bien
hash
marzo 6, 2011
perdí el pudor, lo publiqué