En la cara
Dale, sentate en mi cara. Dejame cogerte bien con la lengua, la boca, la nariz, todo. Sentate en mi cara y mirá desde arriba cómo me pierdo en vos, dejo de ser yo, desaparezco y vuelvo a aparecer. Adentro tuyo con la lengua, como adentro tuyo con las palabras.
Movete así, en círculos, llename la cara de humedad, mojame todo. Tus labios abrazan mis labios, tus pliegues se abren y quiero más. Si, la cara contra la pared y la cadera hacia adelante, más presión. Muevo la lengua rápido, más adentro. Me ahogo y te respiro. Te escucho respirar cada vez más rápido. Gemís.
Ahora recostada apenas hacia atrás, las rodillas firmes en la cama, encontrás mi pija y la frotás. Movés tu cadera al ritmo de tu mano y siento las ganas fluir. Nos entendemos y eso también se disfruta. Con la mano libre empezás a pajearte mientras mi lengua sigue entrando y saliendo, mordisqueando, chupando, lamiendo. Me duele la boca y me encanta. Quiero tragarte toda, de una vez y para siempre (ese siempre que no existe, ese siempre que es ahora)
Siento cómo temblás y me concentro en tu clítoris. Pedís más despacio pero es tarde, quiero que acabes en mi boca. Y lo hacés. Apenas moviéndote acabás fuerte, apretás mi cara con tus piernas y acabás fuerte. Trago mi saliva con tu flujo a la vez que limpio tus labios hinchados. Me encanta sentir esa suavidad en la punta de la lengua.
Te acostás a la par y nos miramos. Con un beso te comparto mientras volvemos a ser dos.