En la cara

2009 Julio 10
by Em

Dale, sentate en mi cara. Dejame cogerte bien con la lengua, la boca, la nariz, todo. Sentate en mi cara y mirá desde arriba cómo me pierdo en vos, dejo de ser yo, desaparezco y vuelvo a aparecer. Adentro tuyo con la lengua, como adentro tuyo con las palabras.

Movete así, en círculos, llename la cara de humedad, mojame todo. Tus labios abrazan mis labios, tus pliegues se abren y quiero más. Si, la cara contra la pared y la cadera hacia adelante, más presión. Muevo la lengua rápido, más adentro. Me ahogo y te respiro. Te escucho respirar cada vez más rápido. Gemís.

Ahora recostada apenas hacia atrás, las rodillas firmes en la cama, encontrás mi pija y la frotás. Movés tu cadera al ritmo de tu mano y siento las ganas fluir. Nos entendemos y eso también se disfruta. Con la mano libre empezás a pajearte mientras mi lengua sigue entrando y saliendo, mordisqueando, chupando, lamiendo. Me duele la boca y me encanta. Quiero tragarte toda, de una vez y para siempre (ese siempre que no existe, ese siempre que es ahora)

Siento cómo temblás y me concentro en tu clítoris. Pedís más despacio pero es tarde, quiero que acabes en mi boca. Y lo hacés. Apenas moviéndote acabás fuerte, apretás mi cara con tus piernas y acabás fuerte. Trago mi saliva con tu flujo a la vez que limpio tus labios hinchados. Me encanta sentir esa suavidad en la punta de la lengua.

Te acostás a la par y nos miramos. Con un beso te comparto mientras volvemos a ser dos.

Otro café

2009 Julio 6

Siguen jugando a lo que más les gusta. A gustarse. Y ahí los vemos de nuevo en un café, escondidos a la vista de todos. Se sonríen antes de besarse (podríamos decir que las sonrisas nacen ante las ganas compartidas del beso) y entonces se sumergen en ese otro juego de labios, bocas y lenguas. Arriman las sillas y usan las manos para decirse más, mientras los besos ya no hablan de una travesura hasta ahí, sino que proponen otras sensaciones. Proponen compartirse hasta donde más quieran.

Los formalismos dictan que a esa hora y en ese lugar al menos un café hay que pedir, así que marchan dos cortados. Se charlan y también eso disfrutan. Saben que no hay necesidad de promesas ni futuros ni pasados. Apuran el café y se hunden de nuevo en el beso, ese otro juego que hace poco descubrieron.

Si miramos bien vemos en él un notorio bulto entre las piernas, una erección retenida por el pantalón. Será entonces que disfruta mucho de ese juego y de ellos así de cerca. Podemos imaginar que él imagina cómo la mano de ella desabrocha los botones, libera la pija y la pajea un poco antes de meterla entera en su boca. O imaginar cómo sobre esa mesa de café él la sentaría y se dedicaría a lamerle la concha con suavidad y dedicación mientras ella, así de abierta y a mano, no deja de mirar cómo entra y sale, cómo se mueve la lengua.

Pero claro, están en un café rodeados de gente y esas cosas no se hacen a la vista de todos, no. Esas cosas son privadas, íntimas.

De ella no podemos imaginar demasiado porque cierra los ojos y no nos deja ver. Aunque lo que sí vemos es una mano que, fingiendo descuido, roza apenas ese bulto mientras acaricia una pierna.

Se besan más y siguen jugando a gustarse, a calentarse. Una señora de la mesa de al lado los mira con una mezcla de incomodidad y nostalgia. Quien sabe hace cuánto no siente ese cosquilleo en el bajo vientre, esas ganas de hacerse mierda contra un otro. La gente entra y sale, circula, y ellos a veces vuelven a la tierra.

Ahora miran el reloj, parece que es hora de volver definitivamente. Les cuesta pero se dejan, no sin antes apretarse de parados. Un abrazo es la excusa ideal para terminar de mostrarse dispuestos y con ganas. No se prometen otro café. No se prometen nada. Porque saben que, de alguna manera, van a cumplir.

Sola

2009 Julio 3
by Em

Ella baila frente al espejo. Cuando está sola baila, canta, vuelve a ser la pendeja que hace un rato dejó atrás. Sube la música, se sirve una copa de vino y un pucho cada tanto. Camina, se mira, juega con la ropa y con las ganas. Se pierde en el ritual del maquillaje, delineando con mucho cuidado sus ojos.

Sigue bailando mientras apura el fondo de la copa y sirve un poco más. Nadie la ve, piensa, y se siente libre. No es la mujer que supone debe ser frente a los demás. No le interesa lo que opinen si es que opinan, lo que piensen si es que piensan. Y lo hacen.

En ese momento es la mujer más hermosa de todas. Se concentra en esa idea, esa certeza, y se deja llevar por la sensualidad que ahora brota. Es hermosa porque así lo cree y lo siente, no porque él se lo haya dicho como paso obligado al intento de cama.

Recorre su cuerpo con placer y curiosidad renovada. Se acaricia las piernas y sube, sintiendo la piel suave bajo las manos. Redescubre los bordes de una cicatriz, disfruta de lo que significa y sigue el recorrido. Bordea los pezones sintiendo su dureza por unos segundos, hasta que el camino de su clavícula la lleva hasta el cuello, nuca y labios húmedos, apenas coloreados por el vino que todavía disfruta.

Dicen que sin público, sin un otro enfrente, fluye nuestro verdadero yo. Dejando de representar el papel que elegimos ante los demás nos conectamos con nuestro ser. Ella sonríe ante la idea y se siente más hermosa. Y al sentirlo, es.

Desde lejos la miro. Sin que ella lo sepa, o si, veo cómo se maquilla frente al espejo. Cómo baila y se mueve, cómo disfruta de su nueva copa de vino, cómo se siente la mujer más hermosa de todas.

Antes de cerrar los ojos y desaparecer veo que tiene razón. Que cuando lo siente, es. Y cuando no, alguien lo siente por ella y sonríe ante la idea.

Directo a los ojos

2009 Julio 2
by Em

Ella: y quería decirle que me mojé, de sólo imaginarlos
deseándose
mordiéndose los codos
no pude evitar tocarme esta mañana en la ducha, jabón líquido en las manos, un pié encima del borde de la bañera y dos dedos jugando, mucho, entraban y salían
adelante y atrás
dilatada
excitada
el jabón hacía espuma, los olores se mezclaban, el agua iba recorriéndome entera, metiéndose en lugares inhóspitos
empiezo a terminar, empiezo a chorrearme toda, lento, blanco

Él: disculpe mi atrevimiento, pero de haber estado ahí me habría aprovechado de la situación. Habría dejado que empiece a acabar, sin dejar de mirarla y en ese mismo instante la habría ayudado a frotarse para estirar su orgasmo y antes de que termine se la habría metido desde atrás. Sabe ud que cuando estoy muy caliente la pija se me hincha, las venas se marcan mucho

Ella: si, lo se. Y eso es lo que mas me gusta de Ud.

Él: entonces desde atrás, en dos movimientos, habría entrado en el instante del orgasmo.

Ella: en un solo, por favor, entre de un solo golpe, si, y ahí volarme la cabeza, y ahí apretarlo con mis entrañas, abrazarlo por dentro, no dejarlo salir más, esperar su orgasmo, esperar que me llene de leche, esa leche que deseo hace tanto. Seguir abrazándolo por dentro, moverme, mostrarle el culo, dejarme apretar las tetas, gritarle lo placentero que es tenerlo adentro y querer más, mas profundo, mas adentro…
acabe
ahora si, acábeme toda…
eso
así
eso hubiera querido
pero no, estaba sola, así que terminé solita, sintiendo mi leche chorrearme la entrepierna. Me bañé, limpié mis manos, salí de la ducha, renovada y acabada, me vestí toda de negro
y me sentí más puta que antes

Él: mientras la pija me aprieta el pantalón en este instante, la imagino todo lo puta que pueda ser. Me habría gustado que mire cuando acabo, que vea cómo la leche brota de mi pija por usted y chorrea en sus tetas, en su cara, en sus manos y verla a usted limpiándome con la lengua y la boca entera. Pero no estaba ahí ni ud estaba conmigo cada vez que acabé pensando en cómo me gustaría que me vea acabar. En usted. Por usted

Ella: que pena. Será cuestión de coordinar. Si me viera… o me oliera, notaria lo caliente que me deja hablar con Ud.

Él: me gustaría verla y en un abrazo descuidado apoyarle una mano entre las piernas para sentir el calor, lo mojado

Ella: arde. Me arde

Los dos:
se calientan tan solo con la simple idea de que lo pueden hacer
de que pueden calentarse. Les encanta jugar. Y creo que se tienen ganas de verdad

Gracias LO

Música incidental

2009 Julio 1
by Em

Camino por la vereda esquivando gente. Todos tapados, las miradas bajas, el gesto de aburrimiento invernal, el paso apretado.

En mis oídos suena Placebo mientras camino esquivando gente. Alcanzo a despegarme del entorno para pensar en ella. Me seduce la idea de que ella me guste y viceversa. Siento un íntimo y pequeño placer al saber que me gusta besarla, abrazarla, hablarle y compartir fantasías. Que los dos compartimos el mismo código, sea cual sea, y el mismo juego que queremos jugar.

Llego al bar indicado, está en la puerta esperando. Antes del hola de rigor y el minuto de incomodidad tomo un auricular y lo pongo en su oído. Ahora sí la beso como imaginé en la última cuadra que iba a hacerlo. Y más también. Movemos las bocas a ritmo, los labios que se separan sólo para volver a pegarse, las lenguas que juegan a ser tímidas pero no, la ansiedad contenida y las manos desatadas.

Y la música incidental. Ese fondo que ahora compartimos y que transforma la escena. La completa, la subraya, la magnifica.

Afuera los auriculares, volvemos. “Hola”, le digo y eso responde. La incomodidad desapareció en el primer segundo, justo después de que llegara la certeza: cómo me gusta besarla.

Un café como excusa

2009 Junio 26
by Em

Dejar de lado lo tibio que brinda el flirteo controlado? y la sensación de que todo está bajo control? hacerse real para un otro que también se anima?

No terminaba de cerrar esas preguntas cuando ya estaba esperándola en la mesa de un bar. Con las barreras bajas dije dale, nos vemos así, sin tiempo de preparar los personajes. Llevo el que tengo puesto, que está un poco venido a menos, decaído, tan pegado al cuerpo que casi es mi cuerpo. Y ella avisa que también, que su personaje actual tiene poca producción y que promete otra dedicación en otro día.

Llego antes con uno nuevo de Kundera que compré a la pasada. Será otro más que sume a la pila de promesas para leer. Adentro el olor a especias, a café, a mezclas varias me trae el primer segundo de placer. Voy al piso de arriba, que está desierto y amigable, y me acomodo en una mesa en la ventana. A esa hora la luz del día aporta un clima íntimo y si uno se deja, también se siente cálido.

Algunos minutos después entra ella, sonriendo (de incomodidad?) desde el momento en que la miro. Un cuidadoso beso en la mejilla es la bienvenida para ambos. Esos primeros minutos (de incomodidad?) pasan entre comentarios correctos y ajustes en los personajes. Un retoque acá, otro allá, nada importante. Pedimos café al mozo (el mío con cardamomo, muestra carácter y además me gusta) y nos dedicamos a la charla más abierta. Se nota cómo de a poco nos vamos relajando, nos dejamos fluir.

De pronto se siente bien estar con ella. Las pocas mesas ocupadas de alrededor empiezan a desaparecer, la boca que se mueve (y que me atrae) dice cosas interesantes. La escucho y me sorprendo disfrutando lo que dice y, entre medio de lo que dice, disfrutando su sonrisa.

Eso, disfrutando de su sonrisa.

La mesa nos separa y nos enfrenta. Quiero sentirla más cerca y con todo el cuerpo. Un abrazo sería ideal, pero es algo todavía muy íntimo. Una mano aunque sea, así que acerco la izquierda. Esquivando los pocillos llega la de ella y es cálida. Jugar con sus dedos me dan ganas de más y lo sabemos.

Eso, ganas de más.

El beso llega por sobre la mesa. Esquivando pocillos sentimos las bocas que empiezan a jugar. Sus labios son suaves, besa con calma, apenas la lengua juega un poco, pide permiso. Jugamos los dos, labios lengua boca manos apenas, sonrisas y ganas de nuevo.

Se sienta más cerca y el resto del bar, lo que quedaba por cortesía, empieza también a desaparecer. Ahora las manos más cercas, más libres y los besos más profundos. Los cuellos al alcance de las bocas. El perfume de ella que se siente más. Humedezco apenas su cuello con mi boca y el perfume todavía más.

Nos decimos, nos preguntamos, nos respondemos. Ahora entra noche por la ventana del bar y de a poco reaparecen las mesas, la gente, el afuera. Ese afuera que decidimos dejar de lado por unas horas, disfrutando del momento y del otro.

Terminamos de bajar de donde sea que estuviera cada uno, pagamos y salimos. La noche es fría y demasiado real. Sin promesas pero con ganas de más nos despedimos.

Nos quedamos debiendo un abrazo. Una gran excusa para otro café.

Vos frente al espejo

2009 Junio 19
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by Em

Estás en una silla, sentada enfrente del espejo. Las piernas bien abiertas te dejan ver los labios hinchados, el clítoris que se asoma por entre los pliegues de piel y un dedo que abre la concha. Te frotás muy despacio ahora con dos dedos sintiendo la piel húmeda y suave. Concentrada en mirarte no me ves, no ves cómo en la otra punta de la habitación ya tengo la pija en la mano y me pajeo mirándote. Adelantás un poco la cadera hasta quedar en la punta de la silla, las piernas abiertas y tres dedos que aprietan el clítoris, tus dedos que se mueven en círculos y presionan hacia abajo, hasta entrar en tu concha. Abrís más los ojos, no querés perderte ningún detalle tuyo, no querés dejar de mirar cuando entran y salen los tres dedos, cuando el flujo empieza a correr hacia abajo mojándote hasta el culo. Aumentás el ritmo moviendo más la cadera y levantando las piernas que se apoyan en el espejo. Así, abierta, mojada y caliente te mirás. Sentís placer al verte y te pajeás más rápido todavía.

Cerrás los ojos y decidís que vas a acabar.

Decido lo mismo.

Sentís algo en la cara y cuando abrís los ojos también la boca. En un acto casi reflejo empezás a chuparme la pija, a lamer y chupar ese pedazo de carne que tanto te gusta (o eso me decís). Parado enfrente al espejo veo cómo sin moverte de tu silla me la chupás mientras seguís con tu paja. Una mano me pajea y mueve la pija en tu boca, otra frota y coge la concha. Acabás fuerte pero tu boca está llena de mi verga y sólo se escucha el sonido de la succión mezclada con saliva que cae por los costados. Con la mano libre ahora me frotás los huevos y el tronco de la pija. Usás tu flujo para mojarme un poco más y abrís bien los ojos. No querés perderte ningún detalle nuestro y además te encanta verte con la pija en la boca. Me encanta verte también.

Siento un espasmo, las venas que se hinchan y el chorro de leche que sale con fuerza. Tragás. Un poco cae por el costado chorreando hasta tus tetas. Vos tragás todo lo que podés y ahora sí me mirás. Las últimas gotas quedan en el labio de abajo y me mirás, mostrándome cómo no tragaste todo sino que saboreás mi acabada.

Ahora si, los dos frente al espejo nos reímos pero no miramos. El abrazo es más importante.

Fuerza

2009 Junio 16
by Em

- Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mi?, dijo ella.

- Porque amar significa renunciar a la fuerza – dijo Franz con suavidad.

Sabina se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que aquella frase era hermosa y cierta. En segundo lugar, de que, al pronunciarla, Franz quedaba descalificado para su vida erótica.

M. Kundera

Abierta

2009 Junio 9
by Em

Dice que lo hace sólo cuando está enamorada. Lo cierto es que puede enamorarse seguido, simultáneamente y temporalmente también. Para ella estar enamorada es sentir esas ganas de estar con alguien, que no son las mismas ganas de siempre sino más. Es pensarlo, extrañarlo, idealizarlo y buscar el disfrute pleno y mutuo.

Se deja hacer el culo cuando está enamorada. En realidad no se deja, lo que sería una actitud pasiva, sino que lo busca, casi que lo exige. Siente que cogiendo mucho, todo, es la manera más sincera de entregarse al otro. Y cuando se enamora se entrega (momentáneamente, simultáneamente, como sea). En el momento más primario en donde tiene la pija enterrada por atrás, la boca de él diciéndole al oído hija de puta cómo me hacés calentar y las manos de los dos apretando y abriendo la concha, ahí, justo ahí, siente el enamoramiento más pleno y limpio. Más sincero.

La última vez, al igual que las anteriores, el primer movimiento fue de ella. Cuando hubo acabado varias veces y su calentura estaba en el punto exacto dejó de mirarlo y de costado empezó. Separó las piernas flexionando la de arriba y con un dedo empezó a frotarse el agujero del culo. Usó un poco de su flujo para lubricar el dedo y masajearse, despacio y en círculos. Con una mirada se aseguró que toda la atención de él estaba en sus movimientos y presionó hasta que tuvo un dedo adentro. Enseguida dos dedos y ahí suspiró. Él se pajeaba, mirando cómo el tercer dedo se hacía lugar. Ya todos bien adentro empezó a moverlos apenas pero constante. Sentía cómo el culo se relajaba y ella también. Siempre le gustó sentir cuando llegaba el momento de algo, estar consciente de ese instante que es el justo. Y se lo hizo saber. “Cogeme ahora”.

Con lamidas bien húmedas él terminó de relajarla. Le encantaba verle el culo abierto y mojado. Dispuesto. Y le encantaba ver cuando ella le agarraba la pija y se la acomodaba en la entrada. Y era ella quien con un movimiento se metía la cabeza y frenaba, disfrutando los primeros centímetros de carne en su culo. Un empujón de él y la mitad de la pija estaba adentro. Lo sentían ajustado, caliente. Quietos por un eterno minuto. Ahora sí un segundo empujón y la pija entera adentro. Ella sentía cómo esa carne le llenaba el culo, cómo se abría toda a él. Cómo se enamoraba.

Empezaban a moverse despacio y a ritmo. Bien adentro duele menos se decían, así que bien adentro estaban. Una mano, de él o de ella, pajeaba la concha. Abría los labios, frotaba el clítoris, entraba el dedo y tocaba la pija por las paredes de carne. Los movimientos más rápidos y las palabras de calentura volando de la boca al oído, al cuello, las palabras y los dientes en la nuca, los ojos en sus ojos y en su boca, las bocas mordiendo y chupando las lenguas desatadas y atadas de nuevo. Intimidad antes de la distancia.

Ahora distancia. Él se separa para verle la espalda y el culo a ella. Para verse solamente unidos por la pija golpeando. Para escuchar el ruido a carnes que chocan. Tirándole del pelo la acerca y de nuevo la separa. Le fascina verle el culo así de lleno.

Giraron sólo una vez para quedar ella en cuatro y él atrás. Agarrame de las caderas y cogeme fuerte le pidió. Y él lo hizo, por supuesto. La cara contra las sábanas la boca abierta y gritando la sonrisa que se asoma y el placer que es cada vez más. Ella acaba por el culo mordiendo la almohada. Multiplica el placer pajeándose mientras siente la pija cada vez más hinchada.

Ella siente, sabe. Cuando él está a punto de acabar ella siente cómo se le hincha la verga. El instante previo es de ansiedad y sabe lo que va a pasar. Y pasa. Al primer chorro lo siente espeso y caliente. Con el segundo se imagina cómo el culo se le llena de leche, cómo la pija bombea bien adentro suyo. Y lo disfruta ya en silencio por largos minutos.

La piel ahora sensible y el cuerpo relajado la convencen de esa idea. En ese momento ella está enamorada. Y le encanta disfrutar de los momentos.

Llamame

2009 Junio 4
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by Em

Le tiraba palabras como lengüetazos ajustados buscando provocar cierto placer y una respuesta. Ver escritas las promesas de mirá lo que te voy a hacer resultaba estimulante, sobre todo sabiendo (o imaginando) que del otro lado la atención y la tensión era la misma. O al menos era, lo que ya es algo.

Antes de ser explícito en la manera en que mi pija entraría justa entre sus labios, ella dice: “Necesito mis manos ya. Llamame que quiero que escuches cómo me pajeo”. Ante semejante propuesta no me quedó otra que dejarme llevar. Y llamar.

En el primer minuto las voces intentan reconocerse de nuevo, amoldarse al otro y a la situación. Ahora las palabras son lengüetazos al oído. Y hay que aprender a lamer dignamente.

Fui preciso en el pedido. La paja sería como yo quisiera. Sus dedos y su mano harían exactamente lo que les pidiera. Así que pedí.

No te saques la bombacha. Acomodate en tu cama frente al espejo y dejate ver. Te gustás? Abrí las piernas antes de empezar a frotarte por sobre la tela. Hacelo despacio y contame qué sentís. No dejes de frotarte hasta sentir la humedad y más ganas. Seguí.

Ahora podés correr el borde de la bombacha hasta verte los labios. Estás toda depilada? bien. Chupate el dedo índice y el mayor, mojalos, y recorré por encima y apenas tus labios. No toques el clítoris todavía. Si, sacate la bombacha y enfrente del espejo empezá a frotarte más. Abrite la concha y tocate despacio. Contame qué sentís antes de meterte un dedo. No, mejor que sean dos.

Sentir su respiración agitada y sus gemidos hicieron que quiera compartir y contarle. Con la pija en la mano y movimientos suaves le decía cuánto me hacés calentar pendeja, apenas hablo con vos y ya tengo ganas de hacerte mierda meterme en todos tus agujeros y por qué no en tu cabeza lamerte y morderte hasta que nos duela.

Se aprieta el clítoris. Lo retuerce. Lo frota. Con tres dedos se coge la concha bien rápido y me cuenta todo. Cuando deja de gemir me cuenta todo. Y yo le cuento cómo me pajeo cada vez más rápido y cómo me gustaría hacerlo adelante de su cara.

Avisa que está a punto de acabar y propone cogerse el culo con un dedo. Acepto con gusto. Me encanta cuando se anima y va por más.

La escucho acabar de una manera deliciosa. Gemidos y respiración entrecortada, algo se cae, la cama hace ruido. Antes de que termine la frase mirá cómo te acabo hijo de puta hago lo propio y suelto un chorro espeso de leche. Salpica la mesa, cae sobre mi mano y al piso. Con las últimas gotas en la punta de la pija la escucho de nuevo. Me pide que le saque una foto a mi verga recién pajeada porque quiere ver lo que provoca. Y lo que se está perdiendo.

Acepto y lo hago, me encanta cuando propone. Y lo sabe.